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El futuro del cine y las 30 nominaciones de Warner camino de Netflix

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Tiempo atrs, cuando los estudios tenan el suficiente poder para no vivir bajo la amenaza de una televisin o de un millonario excntrico y ultraconservador, Warner fue conocido como el hogar de la clase trabajadora. Mientras la Metro, all en los aos de despus de la Depresin y siguientes, se entretena en confeccionar pelculas elegantes infectadas de glamour como Gran hotel (1932), el estudio de los cuatro hermanos se manchaba las manos para producir pelculas como Hampa dorada, Los violentos aos veinte, El halcn malts o Al rojo vivo. Nombres como Edward G. Robinson, James Cagney, Lauren Bacall, Humphrey Bogart o Raoul Walsh configuraron el imaginario de un mundo por naturaleza y necesidad mezquino. Y, por ello, esencialmente real. Luego, irona de los tiempos, el nombre de Warner vendra asociado a franquicias como Harry Potter, a superhroes como Batman o Joker, a nombres como Christopher Nolan y a muecas confusamente feministas como Barbie. Pero eso es otra historia.

Las nominaciones a los Oscar de 2026 han devuelto la actualidad y la vida con tres docenas de nominaciones a un estudio a punto de desaparecer o, menos trgico, de cambiar de propietario. En la lucha que mantienen los actuales propietarios de Paramount con el magnate David Ellison a la cabeza y Netflix por hacerse con una de las grandes firmas que definen Hollywood, son los segundos los que, ahora mismo, llevan la delantera. Difcil resistirse, dicen los que saben, a la nueva puja de 27,75 dlares por accin en efectivo (nada de mezclar efectivo y ttulos de la cadena de N mayscula) por los estudios, la plataforma de HBO Max y la deuda asociada de 82.700 millones de dlares.

Se dira que Netflix va a conseguir por la puerta de atrs lo que con tanto ahnco y dinero ha intentado ao tras ao son conseguirlo: su Oscar y con l, el prestigio siempre discutido a la plataforma. Todo ello, a la espera de que obren los polticos por aquello de hacerse o no tambin con el control de la CNN, en la divisin televisiva de Warner, tan odiada por Donald Trump y, de paso, por David Ellison. Sea como sea, si diramos por hecha la compra, con ella habra que apuntar nada ms y nada menos que 30 nominaciones a Netflix: las 16 de rcord de Los pecadores, las 13 de Una batalla tras otra y una ms por Weapons. Est claro que en el paquete va el Oscar a mejor pelcula no logrado ni por Roma, de Alfonso Cuarn, ni por El irlands, de Martin Scorsese, ni por Mank, de David Fincher, ni por El poder del perro, de Jane Campion, ni por Emilia Prez, de Jacques Audiard.

No deja de ser curioso que las tres pelculas que pueden adquirir sin buscarlo el sello Netflix a razn de 27 dlares y unos cuantos centavos sean casi por definicin lo contrario a una pelcula para ver en streaming. Todas las citadas en el prrafo anterior tampoco, pero las propuestas tanto de Ryan Coogler como de Paul Thomas Anderson y tambin, aunque en menor medida, la de Zach Cregger son en su esencia, cada una a su modo, una declaracin de fe (y tambin de amor) en la sala oscura, en la concepcin del cine como experiencia total para la inmersin en un mundo diferente, transformador y nico. Suena potico y, en verdad, ni el sonido ni la msica ni la imagen en formato IMAX de los vampiros ‘bluseros’ de Coogler ni las persecuciones en cambio de rasante de Thomas ni la profundidad de la noche del terror segn Cregger admiten otro formato que no sea la sala de cine.

Por otro lado, el argumento recurrente de las pelculas producidas por Netflix ha sido de un modo u otro el propio cine o la experiencia con el cine de los directores contratados. Lo que han ofrecido Ted Sarandos y los suyos a los distintos cineastas con los que han trabajado ha sido la posibilidad de completar proyectos demasiado caros y siempre aplazados donde el cine mismo o una experiencia muy personal de los creadores (o las dos cosas mezcladas) es el argumento de forma ms o menos ntida de la propia pelcula. Por decirlo de otro modo, salvo en Emilia Prez, pelcula a la que se incorpor Netflix una vez completada, la poltica no ha sido nunca la preocupacin.

Por alguna razn, se dira que tanto Los pecadores, una pelcula eminentemente antirracista, como Una batalla tras otra, una pelcula eminentemente antixenfoba, y Weapons, una pelcula que retrata la paranoia de la clase media americana hoy desde el gnero de terror, devuelven a Warner en su ltimo aliento antes de la venta el espritu de aquello que en los 30 le hicieron grande e identificable. Warner, recurdese, fue el primer estudio en abordar el nazismo en Confesiones de un espa nazi (Anatole Litvak, 1939). Se dira que Warner vuelve a ser Warner cuando est a punto de dejar de serlo. Y quin sabe si el futuro del cine no se juega ahora mismo en Warner camino de Netflix. En un gesto mefistoflico, Netflix arrebata el alma a Warner y con ella por poco ms de unas monedas se lleva lo que tanto ansi: el Oscar, el prestigio, el mismo cine.


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