Internacional
Ha muerto Cristino de Vera
A primera hora Manu Llorente avisa: “Cristino de Vera ha muerto. Cerr los ojos porque saba que se estaba muriendo”. Esto me impresiona, porque Cristino daba por perdida la existencia desde que estren el mundo. Tena 94 aos. Cristino de Vera es un pintor tinerfeo dotado para el desvaro, la gracia y la mstica. Un hombre cultsimo, como de otro tiempo. O exactamente de fuera del tiempo.
Conocer a Cristino era una fiesta, la fiesta de un hombre solo. Lleg a Madrid con 19 aos y se qued en la ciudad mecindose en la rareza. Pas los aos ltimos en Chamber, donde habitaba un piso amplio, oscuro, con un cuarto al fondo donde pintaba en silencio de cartujo. Dibujaba minuciosamente calaveras, velas prendidas y cirios apagados, huevos, el cesto, la taza, el espejo. Todo lo hizo constelacin propia. Milit en la fascinacin por los objetos, por los escasos objetos que a l le importaban para su obra inslita y ancha. Pintar era su manera de nombrar las cosas.
Cuando estabas cerca, el mundo pareca algo que suceda fuera de nosotros, del otro lado de la ventana, como si dentro de la casa el tiempo se hubiese equivocado de hora. Igual desplegaba de golpe un monlogo imprevisto sobre Heidegger que daba cuenta minuciosa de todos los miembros de su familia, tan dotados para la locura. Siempre estaba al lmite de la esperanza, como incapaz de dar otro paso ms. Pero siempre terminaba acompandote al ascensor y al da siguiente descolgaba el telfono con su particular euforia devastada: “Aqu estoy, querido amigo, con el vaco y la muerte que nos dan sentido. Cunto durar esto?”. Preguntndose lo imposible alcanz en su pintura una depuracin sobrecogedora.
La lucidez de Cristino de Vera est (o estaba) en el pensamiento cada vez ms seco, una pulsin que lo acerca al monje y al mar zumbado de su isla canaria. Fue un hombre convencido de que cuando la vida acierta suele ser por casualidad, casi nunca por justicia. Podra ser un Zurbarn que habla despacio y sin medida, pero nunca incurri en la grosera de dar lecciones ni asestar una frase de ms. Tena ojos de cansado desde nio y las manos nudosas y grandes desde viejo, todo avivado por la bondad de un corazn propicio. Su sencillez no era impostada, tampoco su complejidad. Qu artista extrao y humilde. En verdad que s. Pintaba con luz de palmatoria, como si pintar fuese ir desapareciendo con un secreto nimo perdurable. En los ltimos aos, la edad le concedi un hermoso contorno de sbana santa. Infinito Cristino, y ahora qu.




