Internacional
La victoria global del orgullo sobre la gratitud
Recuerdo cierta tarde en que acced a participar en una mesa redonda sobre el orgullo de ser espaol, no me pregunten por qu. Sin duda tena ms tiempo libre, y quiz las posiciones sobre la identidad estaban menos fatigadas que ahora: el debate identitario todava discurra por cauces saludablemente excntricos, casi underground. Ahora todo el mundo est terriblemente orgulloso de lo que es, aunque en realidad solo est orgulloso de lo que cree ser. Pero ese es otro debate.
El caso es que ante un auditorio sorprendentemente abarrotado para la poca y el lugar -sucedi hace aos en Madrid, pero no en la capital-, se me ocurri ensayar una distincin entre orgullo y gratitud. Vine a decir que la gratitud es una emocin centrfuga, que va de dentro hacia fuera, que nace de la conciencia de un privilegio inmerecido, heredado de agentes propios pero tambin extraos, de nuestros padres biolgicos pero tambin de aquellos que dedicaron sus vidas al servicio de Espaa. Unos padres institucionales, por as decir. Elementos en todo caso perfectamente ajenos a nuestra voluntad, cuyos logros resultan inimputables a nuestros esfuerzos.
Dije que la biografa de un espaol del siglo XXI no nace con l, ni mucho menos, sino con cuantos lo precedieron en la suma de esfuerzos individuales que forja el singular contexto histrico que alfombra nuestro nacimiento. Los esfuerzos remotos conformaron una patria, pero debemos a los ms recientes la improbable consecucin de la democracia. Dije que admiraba las grandes gestas de nuestros antepasados, por supuesto, pero que me senta ms ntimamente en deuda con los abueletes que hicieron la Transicin. Ah ya vi que el personal empezaba a torcer el gesto. Y s, resulta mucho ms cinematogrfico Hernn Corts que Adolfo Surez, dnde va a parar. Pero continu diciendo que no cambiara mi libertad por la de un cronista del Siglo de Oro. Si el mismsimo Quevedo acab encerrado en la glida crcel del convento leons de San Marcos (hoy confortable parador) por delitos de opinin, a saber dnde habramos acabado nosotros.
Despus empec a caracterizar el orgullo. Dije que el orgullo es una emocin centrpeta, que va de fuera hacia dentro. Que se apropia de mritos ajenos sin la humildad que distingue al bien nacido, es decir, al agradecido. Que el orgulloso se sube al carro de una pica que no le pertenece mientras no demuestre lo contrario -que no es un hombre ms que otro, amigo Sancho, si no hace ms que otro-, y que alimenta la comparacin con muertos ilustres que no solo no admitiran su compaa sino que se mofaran de su pattico afn de parangn. Dije tambin que el orgullo fomenta una falsa conciencia de autonoma que desemboca en soberbia, supremacismo e intolerancia. Y que el aquejado de orgullo de nacin se convence no ya de que la patria est en peligro sino de que le suplica ayuda precisamente a l. El orgullo es saludable en la competicin deportiva, pero funesto para el arte de lo posible que sola ser la poltica.
Para entonces las ltimas filas del pblico llevaban ya tiempo murmurando. Pareca obvio que no haban venido a que les rebajaran el orgullo nacional sino a levantrselo. Cuando advert su incomodidad reconoc que quiz me estaba perdiendo en conceptos demasiado abstractos, y desde el fondo del auditorio empezaron a gritar que s, que mejor que me fuera callando. Ah no supe reprimir la orgullosa sonrisa de quien acaba de ver demostrada su teora, pero di las gracias y ced la palabra al siguiente orador.
Desde entonces la gratitud ha perdido en Occidente una batalla tras otra a manos del orgullo. En aquel ao Vox careca de representacin parlamentaria, y Donald Trump segua siendo un excntrico magnate con ambiciones meramente televisivas; ahora s que ambos advenimientos no fueron contingentes, como no lo son los incendios que devoran la yesca montaraz cada verano. El orden liberal sec las gargantas sedientas de autoestima nacional, y sera estpido culpar a la gente de necesitar el orgullo, porque todos sentimos esa necesidad en algn momento. La necesidad de sentirnos todo lo fuertes que no somos y que fabulamos que s eran otros antes que nosotros.
Quiz el liberalismo sea la ideologa de los ngeles. Solo retornar cuando la orgullosa revancha de los demonios nacionales haya terminado de consumir el paisaje.




