Internacional
Si el mundo se fragmenta, la respuesta está en la mar
El mundo parece avanzar hacia un escenario inquietante. Las grandes potencias se repliegan, las reglas comunes se debilitan y la cooperación internacional se resiente. Guerras, … tensiones comerciales y desconfianza ocupan titulares, mientras los grandes retos globales -el clima, los océanos o la alimentación- siguen esperando respuestas de altura.
En este contexto, no puedo evitar pensar en la mar.
El océano no entiende de fronteras: corrientes, las especies y los ecosistemas conectan países y continentes. El atún, uno de los alimentos más consumidos del planeta, recorre miles de kilómetros sin pasaporte. Lo mismo le ocurre a su hermano pequeño, el bonito del norte. Su sostenibilidad depende de algo cada vez más escaso: la cooperación, o dicho de otra forma, el multilateralismo.
Desde Bermeo, una pequeña localidad costera del Golfo de Bizkaia, con siglos de tradición marinera, llevamos tiempo aprendiendo una lección sencilla pero poderosa: cuidar de la mar no es solo una cuestión ambiental; es una cuestión de futuro. Futuro para las comunidades que vivimos de ella, para quienes se alimentan gracias a sus recursos y para un planeta que ya muestra signos claros de agotamiento.
Hoy, cuando las instituciones internacionales son atacadas y debilitadas por quienes quieren acaparar los recursos y el poder para sí mismos, no dejo de hacerme una pregunta tan obvia como incómoda: ¿quién protege lo común?
No es una pregunta nueva que exija una respuesta diferente: es la que nos ofrece el multilateralismo de Naciones Unidas y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que solo cobran sentido cuando se localizan y se convierten, desde los territorios, en una herramienta concreta de cooperación, sostenibilidad y paz. La solución no puede recaer solo en los gobiernos. Mucho menos cuando, por desgracia, parece que algunos gobernantes están tentados de aplicar la ley del más fuerte, como matones de patio de colegio. La competición por ver quién se hace con el título de emperador global ha entrado en escalada, y el orden internacional está en clara crisis de identidad y subsistencia.
Reivindiquemos la sostenibilidad ambiental, social, económica, cultural y política, todas a la vez
La respuesta también está en manos de las empresas, los territorios y, cómo no, la sociedad civil. Frente a quienes ocupan el espacio público con objetivos individualistas y de corto plazo, existe otro espacio: el de las personas, lo colectivo, el relato compartido. Y no es inocuo para reivindicar que hay otra forma de hacer.
En Bermeo Tuna World Capital creemos y practicamos un modelo distinto: pescar con criterios científicos, respetar los ecosistemas, garantizar condiciones laborales dignas y ofrecer alimentos saludables sin hipotecar el mañana. No es una utopía. Es un modelo que funciona. Y precisamente por eso sentimos la obligación y la responsabilidad de defenderlo y compartirlo.
En un mundo fragmentado, la sostenibilidad no es un lujo ni una moda: es responsabilidad. Y quizá también la única forma de esperanza y futuro. Porque mientras el ruido global nos empuja a competir sin reglas, la historia y el océano nos recuerdan que solo cuidando lo común vamos a ser capaces de mantener lo propio. Es el momento de reivindicar la sostenibilidad ambiental, social, económica, cultural y también política. Todas a la vez porque, si no, dejará de ser sostenible. Aquí no vale la ley de la jungla: necesitamos de todos. Ante retos comunes, respuestas colectivas.
Como dice una vieja canción popular, Bermeo es tan pequeño que no se ve en el mapa, pero nuestro mensaje es grande: incluso en tiempos difíciles, todavía estamos a tiempo de elegir visión compartida frente a beneficio unilateral, cooperación frente a confrontación, ciencia frente a improvisación y futuro competitivo y sostenible frente a beneficio inmediato.
Dicho de otra forma, en un mundo cada vez más fragmentado e individualista demostramos que hay un estilo de hacer las cosas ‘a la bermeana’ -Bermeoko erara-; y, aunque seamos pequeños, tenemos el firme propósito de liderar un movimiento global anclado en la coherencia y el legado de quienes nos han traído hasta aquí, con el rumbo puesto en garantizar un futuro de desarrollo a quienes nos van a dar el relevo.
El mar, al fin y al cabo, siempre acaba devolviéndote lo que le das.



