Con gritos de «directiva, dimisión», los aficionados han tratado de exteriorizar su enfado por una situación de crisis absoluta que está llevando al equipo a los últimos puestos de la clasificación tras la primera vuelta del campeonato. Posteriormente, también han esperado la salida de los jugadores, técnicos y directivos que, a bordo de sus vehículos particulares, iban abandonado uno a uno el estadio de Son Moix.
A su vez, en los aledaños del campo se podían leer pintadas que arremetían contra los ejecutivos del equipo balear. Los ánimos están muy calientes en el entorno del Mallorca, que tras perder en Vallecas afronta ahora dos compromisos de enorme envergadura frente al Athletic y el Atlético de Madrid.
Uno de los momentos de mayor tensión se vivió cuando salía Johan Mojica del estadio y varios seguidores se agolpaban frente a su ventanilla para recriminarle la situación del equipo y su mal momento. Era el momento más acalorado de la tarde, pero la situación no pasaba finalmente a mayores y el jugador, dispuesto a dialogar en todo momento, abandonaba el estadio sin mayores problemas.
En los momentos de mayor tensión apenas había seguridad privada —solo un efectivo de la empresa con la que trabaja el club— ni Policía, que se presentaba minutos más tarde, ya con los ánimos mucho más relajados.
Pablo Ortells era uno de los últimos en abandonar el campo y mantenía un diálogo con los seguidores a los que informó que se está haciendo todo lo posible para pode salir de esta situación. Instó a los aficionados a que siguieran animando al equipo ya que esto lo agradecen los futbolistas en el campo y estos indicaron que «estamos aquí para defender el club», a lo que Ortells respondía que «esto es lo que hay que seguir haciendo. «Tenemos que estar todos juntos y de nuestra parte vamos a hacer todo lo posible para revertir la situación», insistía el director deportivo.