Connect with us

Política

Entre lambiscones y lenguas sueltas: así legisla Quintana Roo

Published

on

Por Luis Mis – El Gato Maya

Ir al Congreso de Quintana Roo a veces es como meterse a una función de lucha libre sin lona: sudor, gritos, empujones verbales y mucho ego en licra legislativa.

Pero la sesión de este miércoles rompió el molde. Por fin —¡por fin!— nuestros honorables diputados ofrecieron algo más que bostezos: un espectáculo digno de pay-per-view político, con insultos de alto calibre y un guion que ni TV Azteca se atrevería a escribir.

Todo comenzó cuando el diputado morenista Alberto Batún, conocido por su discreto paso entre curules y su talento para pasar desapercibido, decidió rascarle los bigotes al tigre.

Y vaya que el tigre despertó.
Llamó “demagogo e incongruente” a su compañero, el curtido José Luis Pech, quien tiene más colmillo político que Batún horas de vuelo en tribuna.

El resultado fue inmediato.
Pech, con su verbo de machete afilado, lo bajó de ignorante y lambiscón. Así, sin filtro ni cortesía legislativa, lo pendejeó y lo puso en evidencia ante el pleno y de paso le recordó que el respeto se gana, no se improvisa.

Desde la tribuna, el naranja se creció como gallo en palenque: “Estoy donde quiero estar y no llegué por lambiscón ni por arrastrado.”
La mirada con la que lo acompañó pudo freír un coco a tres metros.

Batún intentó mantener la compostura, pero su dignidad se derretía más rápido que un raspado en la Glorieta del Ceviche.

Y cuando el ambiente ya olía a pólvora política, Saulo Aguilar, ese diputado que confunde protagonismo con participación, decidió meter su cuchara desde su rincón.

Grave error.
Pech, encendido y con el demonio en la lengua, lanzó un zarpazo directo al ego y a la identidad: exhibió públicamente la presunta y reprimida orientación sexual del legislador, desatando risas y burlas entre sus compañeros.

El recinto se convirtió en una mezcla de circo, gallera y debate político, con risas que parecían aplausos. Porque sí, nuestros diputados demostraron que tienen fuego, pasión y energía… pero no precisamente para legislar.

Mientras el pueblo espera leyes que sirvan, ellos practican el noble arte del insulto parlamentario: esa disciplina olímpica del cinismo político local.

Y la moraleja es simple:
En el Congreso de Quintana Roo no gana quien tiene la razón, sino quien tiene el micrófono y la lengua más filosa.

Allá afuera, los ciudadanos siguen esperando que recuerden por qué fueron elegidos.
Pero bueno… por lo menos esta vez no se durmieron.

Aunque eso sí: si siguen a este ritmo, habrá que pedirle al INE que les ponga ring en vez de curules.

Please follow and like us:

Facebook